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Pablo Roa
oct. 28

Salir con buen rollo del cine

1 comentarios

 

Totalmente de acuerdo con Txema en sus muy buenos comentarios.

Película magnífica en la que los diálogos brillan a una gran altura, mordaces, irónicos, sagaces y con mucho humor.

Agradezco a todos la paciencia que tuvisteis en mi debut en la presentación de la película y los ánimos recibidos.

evavazquez
nov. 1

Un placer Pablo, de película, de presentación y ahora, de comentarista en el foro...Perseo gana.

 

Entradas más recientes
  • CF Goicoechea
    oct. 25

    Como bien se nos referenció en la presentación el paralelismo con La caída de los dioses, esta buena película establece la pugna vital entre el ocaso del trío protagonista y los dos jóvenes oportunistas que se introducen en sus vidas ; en vez de Hollywood nos trasladan a la Argentina. Muy buenos y precisos diálogos, escenas con decorados tipo Art Decó y modernas oficinas de los jóvenes para reflejar las diferencias entre ambos grupos. Suspense hasta el final para clarificar toda la historia y explicar la relación especial entre el trío protagonista, con un final violento para los jóvenes propio del cine negro. Actuación perfecta de todos los personajes mostrando todos los matices de su personalidad. Una película muy lograda. Saludos Pedro Madrid
  • Txema
    oct. 25

    Hola amigos, Este director, uno de mis favoritos, no defrauda en ninguno de sus trabajos, en esta ocasión nos narra un cuento con mucha moraleja. Nos muestra una familia unida por el cine y por ello sus diálogos navegan por la senda cinematográfica, como cuando terminando el cuento hablan de un fundido en negro para terminar el mismo y el personaje que se encargaba de los guiones, para el fundido al habérsele encendido la bombilla de un final mejor y más favorable. Una vez presentada la familia hay un dialogo entre el guionista y el director que da pie a empezar la fábula, le dice “brindo porque la vida no es como uno de tus guiones” “en el cine no existe una vida como la nuestra, sin problemas, tendría que haber peligro, algo que la amenace, un villano” y es ese mismo instante aparece la pareja que va a trastornar su feliz monotonía. Desde el primer encuentro se masca en el aire el duelo entre juventud y madurez, como cuando en la partida de billar el sabedor de la vida le comenta a la joven “para ganar hay que mirar al rival” en alusión a estudiarle para ir siempre por delante; como dirige magistralmente las tiradas de ella para conducirla a una tirada complicada para que falle; y la partida real es ganada por el equipo de la vejez con un mortal jaque mate. Aunque la escena donde el duelo es colosal, es en la que la joven implacable trata de seducir al maduro y duro contrincante, y éste haciendo un gran esfuerzo por contener su deseo de probar una deliciosa fruta juvenil, la separa mientras la dice “tu intención es tener una relación pasajera y en cambio la mía es para disfrutarla toda la vida”, que gran ironía de la que está plagada toda la película. Que gran lección reciben los egoístas de la historia, primero la diva cuando el joven emprendedor le manda el mensaje “yo he hecho lo mismo que vos, pensar solo en mí mismo”; y la pareja la recibe dando su vida. El guion y la puesta en escena me han parecido geniales como no podría esperar menos de este autor; pero lo realza el magistral trabajo de las piezas que aparecen en ese tablero que es esa casa colonial, en la que se muestra con todo detalle las alhajas de sus carreras en el cine. El trabajo de actores consagrados es seguido muy de cerca por los dos jóvenes que demuestran su paso firme en la industria del metraje. Ese proyector donde la diva repasa su carrera detrás de la cámara, me ha recordado al delicioso clásico “Cinema Paradise”. Un abrazo
  • bermejoarnaiz
    oct. 25

    Hola a todos: Quiero escribir algo sobre la organización del festival Seminci de Valladolid y también sobre las dos películas que vimos, aunque sobre una de ellas pasaré de soslayo para centrar todo mi esfuerzo en la que ahora, después de mucha reflexión, me parece una auténtica joya. En lo que a la organización se refiere, me parece que ha sido excelente. El viaje, muy bien planificado, como siempre. El hotel y la comida satisficieron totalmente mis exigencias y espero que las de todos los asistentes. Conozco bien la alternativa de sucesos prósperos y también adversos que Eva y Nicolás han vivido desde que tuvieron la enriquecedora idea de ‘llevarnos’ a todos a Valladolid, aunque ese conocimiento de la dificultad que supone organizar y liderar proyectos como este, no llega a mostrarnos con claridad todo el esfuerzo y entrega que hay ‘entre bastidores’ y que ellos esparcen con generosidad. Por eso, porque valoro su desinteresado esfuerzo, quiero expresar mi más sincero reconocimiento y agradecimiento personal a su inestimable labor. En cuanto a las películas, me gustó mucho ‘Intemperie’, con estupendas interpretaciones de los actores. Este tipo de películas me entristecen sobremanera, me encogen el alma, pero desgraciadamente son hechos consumados acaecidos en un período en el que subsistían las perturbaciones causadas por la guerra, y que nos marcan para siempre, pero que tenemos superar para, recordando esos horrores, intentar que no se vuelvan a repetir, porque “la paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa”. Y vamos con la película islandesa, que me pareció un ‘tostón’, de un aburrimiento extremo, que me hacía desear que acabara cuanto antes. Pero claro, eso fue al principio, hasta que puse más atención en alguna de las muchas escenas, las cuales me fueron mostrando situaciones ya conocidas, pero que despertaron mi dormido interés. Aun así, al salir del cine, cuando alguien me preguntó qué me había parecido la película, respondí que muy pesada, previsible y tremendamente repetitiva con las situaciones que vivimos día a día, y que no entendía por qué el director quería mostrarnos una sociedad islandesa que resulta ser igual que la mía. Y luego me di cuenta de que el título ‘echo’ está escrito en inglés, y en español significa ‘eco’. ¡Exactamente! La ‘sociedad islandesa’ es un eco de la mía y esta lo es de muchas otras: ¡es el eco de una Sociedad ‘posmoderna’! caracterizada por su oposición al racionalismo y por su culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social. Y ha sido entonces, al volver a mi casa, cuando me he dado cuenta de que esa película es una auténtica joya, un despliegue de talento mostrando escenas tan cotidianas, algunas con humor, otras no, pero que son tan reales como la vida misma. Son muchas historias —no sé cuántas— unas más cortas, otras más largas, inconexas, con distintos actores que no se repiten, pero con un actor principal, la Sociedad, que interpreta un papel inextricable. No deja de ser curioso que muchas de las escenas sucedan en Navidad, que es el período en que todos nos deseamos lo mejor, y en el que nos sentimos tremendamente solidarios, participativos, familiares, generosos, etc. La preparamos, la vivimos y la despedimos hasta la siguiente. Pero la vida no es tan simple; está llena de tonalidades; algo realmente maravilloso puede tornarse extremadamente triste, por ejemplo: un niño yace inerte en un ataúd mientras el empleado habla por teléfono ‘con su hijo’. Un hombre atribulado porque su Banco, el de toda la vida, le ha denegado la concesión de un préstamo con el que quería alegrar a su familia las fiestas de navidad, y el motivo es que lo ha decidido un algoritmo ‘randomizado’, elemento creado por una sociedad cada día más despersonalizada. ¡Qué escándalo! ¡Una abuela mostrando a su nieto el lugar donde va a yacer dentro de algún tiempo! ¿Acaso no es real? ‘memento mori’, ‘memento vivire’– recuerda morir, recuerda vivir–, queridos amigos. A todos nos da miedo hablar sobre la muerte. El sentimiento de pavor que sentimos la mayor parte del tiempo al hablar de este tema se debe a que nuestro cerebro está diseñado para hacernos sobrevivir. El tocar este asunto hace que nuestra mente se active y empiece a buscar formas de supervivencia. Y como es harto conocido, para Platón, la filosofía era, fundamentalmente, “la preparación para la muerte, una educación para morir y elevar al alma en la muerte”. Por una parte, la sola idea de recordar la muerte ya es fecunda para llevar una vida más significativa, por eso me gusta enormemente esa escena que muchos odiarán y que, a mi juicio, muestra también la valentía del director. Nunca es demasiado pronto para aprender que los coches fúnebres no siempre son para los demás. Un hombre, ‘colgado’ hasta las cejas –sabe Dios por qué razón– está jugando al ‘Monopoly’ y ‘alucina’ de alegría cuando le informan de que puede comprar la Compañía de electricidad. En su abotagado cerebro, solo una pregunta: “si puede pagar a plazos”. Gracioso. Todo se puede comprar y pagar en cómodas mensualidades, a un tipo de interés fijo o variable. Y es que, invirtiendo con prudencia —versión elegante del miedo—, y con visión de la oportunidad —alternativa elegante de la codicia—, podemos conseguir pingües beneficios. Colas en el ‘Banco de alimentos’, empatía con el drogadicto, un anciano que no se entera de que el cementerio está precioso en esa época del año... ¡Ah! y el hambre de espectáculo, con esos fuegos artificiales de terciopelo estruendo, de extraordinario colorido, ritmo y ocupación de las figuras en el espacio aéreo, que algunos disfrutan, mientras otros, defensores de que es de oro el silencio, aprecian una quema inútil de dinero y sonidos perturbadores, casi dolorosos, incluso para los animales. La escena de los Reyes Magos buscando al Niño Jesús cuando aparece Santa Claus ofreciendo una ‘cocacola’, me parece absolutamente genial. Recuerdo un anuncio de ‘CocaCola’ que decía: “Al mundo entero quiero dar un mensaje de paz, y todos juntos celebrar que volvemos a empezar. Tan chispeante es la razón que te hace deslumbrar, que es el momento de sentir la dulce libertad” Eso sí, con una ‘cocacola’, porque si no, no funciona. “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad le desean todos los distribuidores de ‘cocacola’ del mundo”. Podría desgranar todas las historias, una a una para apreciar en interpretar la sutileza que deja la impronta del director, pero me extendería mucho y además no las recuerdo. No es una película solo de humor. Juntas, todas estas magníficas historias representan un ‘todo’. Es, para mí, como un elogio del pesimismo. Algunos dirán: qué idea tan extraña, ¿no parece una antología del desencanto? ¿un popurrí de la amargura? Soy consciente de que es difícil entender apreciaciones como las mías, que son como acertijos envueltos en un misterio dentro de un enigma, y soy poseedor de muchas contradicciones e imperfecciones que me abocan a la escritura como medio de reflexión y vehículo de comunicación. Me parece que todo va mal, de mal en peor. Me vacunaron pronto contra el optimismo crónico y los accesos agudos que a veces pueden aquejarle a uno sin preaviso. Aun así, soy optimista. Y si alguien me llama pesimista, responderé que no, que soy realista, y que las tostadas suelen caer del lado de la mantequilla –aunque, como buen optimista, pienso si habré puesto la mantequilla en el lado incorrecto–. “Ser o no ser...” es la primera línea de un soliloquio de la ‘Hamlet’, obra de William Shakespeare, considerada y usada como síntesis de los procesos mentales de indecisión y duda y es una de las citas más famosas de la literatura universal. “Ser o no ser, esa es la pregunta. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia?” Ser, en efecto, supone padecer. Vivir supone estar amenazado todo el tiempo por cualquier cosa. Es estar expuesto al mal, con o sin mayúscula. Y esta Sociedad mata de muchas y muy diferentes maneras. Esta película es excelente si te paras un poquito a ver lo que muestra en su interior, pero es todo tan ‘normalito’ que el mensaje puede pasar desapercibido, pero lo tiene, y es de los buenos. Al final casi me mareo con los vaivenes del barco en una escena que se me hacía interminable, pero incluso ahí veo un mensaje con claridad: hay que tomar grandes dosis de pastillas para el mareo (optimismo) si quieres sobrevivir a las inclemencias de la vida. Casi había cerrado este editorial, cuando he vuelto de ver la película ‘El canto de las comadrejas’, y digo ‘ver’ cuando debería decir disfrutar, pues es una película bonísima, con unos diálogos formidables y unas interpretaciones magistrales. Nada me ha resultado previsible, el humor que despliega es inteligente, agudo, perspicaz, ingenioso... ¡Otra joya! De seguir así, tendré que buscar un joyero más grande. Un saludo a todos, Juanra

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