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CF Goicoechea
feb. 14

Petra.

0 comentarios

Si desde luego Rosales pretende hacer una película particular y diferente a la de sus compañeros de profesión en nuestro país, lo consigue plenamente. Historia familiar elevada a la categoría de tragedia clásica griega, nos muestra a un padre, artista contemporáneo, encumbrado en su mundo, con una total bellaquería e indiferencia hacia los seres que le rodean, vamos como la manzana podrida del cesto, destilando maldad en estado puro, en un mundo familiar donde los secretos, mentiras y contra-mentiras abundan y todos esconden algo. Técnicamente Rosales se decanta por una estructura en capítulos discontinuos, alternando pasado y presente, a pesar de ello la historia se sigue bien. Abunda en movimientos laterales de cámara, con unos paisajes de campo que le van a la acción. Los actores seleccionados, todos muy buenos, a destacar el papel del padre, con una actuación coral contenida, sin una lágrima,llanto o grito, que quizá le confiere una cierta pátina de frialdad. El director lanza una serie de situaciones pensando en sí mismo, sin tener en cuenta lo que pueden provocar en el espectador. Al final abre un rayo de esperanza con el entendimiento entre las dos mujeres protagonistas y con la criatura de una de ellas por medio.

Saludos. Pedro Madrid

Entradas más recientes
  • evavazquez
    feb. 16

    Comprendo el desconcierto de Txema después de Petra. Como os comenté en la presentación, a Rosales no le interesa contar historias con un lenguaje más fácil. El estructurar la película en capítulos donde se alternan pasado y presente hace que el espectador se pregunte acerca del comportamiento de los personajes, acerca de una forma de actuar que parece “poco razonable” y tenga tiempo suficiente para elaborar por sí mismo una respuesta…que podrá chequear en el capítulo siguiente. Si la narración hubiera sido lineal, en orden cronológico, hubiera resultado mucho menos interesante –aunque tal vez más cómoda para muchos espectadores-. No sabemos por qué Petra está en esa casa, no sabemos qué verdad busca, no sabemos por qué su madre decide morir sin revelarle su origen, no sabemos por qué Petra se niega a profundizar en una relación con un hombre, cuando aparentemente no hay ninguna razón para ello, no sabemos….hasta el capítulo siguiente. Y aún en ese punto sigue el espectador haciéndose preguntas. ¿Por qué pinta la cara de su maestro compulsivamente? ¿Por qué en sus autorretratos aparece en posición fetal o abandonada, dejada, tirada? ¿Responde a cómo se siente, a su necesidad de saber de dónde procede, de despejar una duda vital? Si la tragedia griega es el enfrentamiento de los personajes a la fatalidad, terminando muertos o moralmente abatidos, con Rosales asistimos a la caída de los personajes, a su muerte (4) y a su destrucción moral. Eurípides innovó el teatro trazando la evolución psicológica de los personajes, que ya no eran héroes –como hasta ese momento- sino seres atormentados, inseguros, a los que la satisfacción de sus bajos sentimientos los mostraba como monstruos, o por el contrario experimentaban humillación y sufrimiento en el fondo de su alma. En este sentido tanto Petra como Marisa son las protagonistas de un drama que bien podrían haber sido figuras trágicas de Eurípides. Otra característica que Rosales adopta es que no hay más de tres personajes en escena, suelen ser dos. Efectivamente en la película los diálogos son entre padre-hijo; Petra-Jaume; Jaume-Teresa; Teresa-Petra; Petra-hijo; Petra-compañera de trabajo; Petra-Marisa; Marisa-Jaume. No fue fácil de ver. Rosales utiliza la técnica de la improvisación dirigida, de manera que los actores tienen que jugar el rol con unas indicaciones mínimas, por eso los diálogos tenían, o muchos silencios, o interrupciones y personalmente esa forma de actuar me gustó menos que si hubiera habido un guion aprendido y muchas tomas hasta conseguir la escena bien pulida, pero ésa hubiera sido otra película... Es lo que tiene el cine, Eva
  • Txema
    feb. 15

    Hola amigos, “Petra” no me ha gustado y voy a intentar explicarme porqué. De principio este director quiere que parezca todo tan natural que a mí me ha parecido irreal, sí que mueve la cámara dando la impresión de que pasaba por allí y esto hace buen efecto con los objetos pero cuando llega a los actores la cosa cambia porque no me parecían naturales, solo Bárbara Lennie me parecía que recogía el relevo de la cámara con la naturalidad deseada, y es que se la ve preparada y como dijo Eva en la presentación, es muy versátil. Me llamo la atención Marisa Paredes, que con las tablas que siempre ha demostrado se sintiera tan incómoda, e incluso se le escapo una mirada a la cámara, cosa que también hicieron la criada primero y el malvado después. Sigo con éste, si ha creado uno de los mayores malvados que se recuerden, no me parece que sea por su actuación y si por el guion de maldades, por cierto, muy rebuscado y poco creíble. Aquí enlazo con el mostrarnos la historia por partes y desordenadas, ¿pa qué?, bueno espero explicarme. Empieza en el capítulo II, en donde Petra entra en contacto con Lucas y claro ella piensa que no tiene que tener una relación íntima con él y nos preguntamos por qué, claro al volver y mostrarnos el primer capítulo cobra sentido, pero si es que la historia sigue su orden natural, esa escena del rechazo tampoco se entendería hasta que en un capítulo posterior, ésta le pregunta a Jaume si es su padre, bien, te da alguna pista como cuando Petra dice a Marisa que busca la verdad y le contesta que ha venido a un mundo de mentiras. Otro salto es el de después del suicidio de Lucas, qué sentido tiene volver atrás para contarnos la relación entre Petra y Lucas una vez que sabemos que “son” hermanos, que alguien me lo explique por favor; además hay un engaño de guion: a la pregunta de Petra a Jaume si es su padre y le miente, entonces ya tiene vía libre para la relación, y resulta que posteriormente ella le pregunta que por qué le mintió, él argumenta que para conocerla mejor, no, no, con esto cuadra el poderse relacionar con Lucas y montar todo el dramón. No sé, me parece que querer siempre experimentar a ver qué es lo que pasa, no lo veo. El suicidio de Lucas en el momento que se produce no me convence, ¿por qué lo hace?, ¿porque no ha sido capaz de matar a su padre?, pero si anteriormente el personaje ha mostrado que la relación con su padre ha terminado y sabe perfectamente como es, ¿es por el duelo que ha perdido con él al no ser capaz de apretar el gatillo?, ¿o es que se siente menos hombre que su padre?, no tiene sentido, ese suceso le refuerza para sentir que es diferente al malvado de su padre. Tampoco moralmente le tendría que afectar tanto, ha tenido un hijo con su hermana, pero sin saberlo, sé que cuesta asimilarlo, pero como para suicidarse. Sí, estoy hilando muy fino, pero es que me sentí muy incómodo con una historia tan enrevesada. Tampoco me gustó cuando el Jaume le lanzó los latigazos dialécticos a una pobre Susana, y es que él parece más bien que está opinando sobre un cuadro o un libro, no me convence su banalidad para decir algo tan tremendo como: “hacía tiempo que no me corría tan a gusto provocado por tu sometimiento”. Igual que cuando Jaume le acaba de decir a su mujer, después del suicidio de su hijo, que el nuevo empleado, hijo de Susana, tiene mucho más arranque que su hijo, y después como quien no quiere la cosa salta con la chorrada de que quedaría bien una estatua en el jardín, momento en que una, insisto, insegura Marisa Paredes, se desploma de dolor, no me lo creo. Las conversaciones con este director, ¿siempre tienen que ser incómodas?, muy pocas sonrisas, solo se lo permite a la protagonista en muy contadas ocasiones. Seguramente no tengo razón en nada, porque a la gran mayoría le gustó la historia, pero bueno, algo me decía que no me había gustado y he intentado explicarlo. Un abrazo amigos
  • bermejoarnaiz
    feb. 14

    Hola a todos: Si ya me gustó Hermosa juventud , esta nueva película de Jaime Rosales me ha parecido interesante y me ha gustado por varias razones, a saber: Creo recordar que en la presentación de la película recibimos la información de que Rosales es un director con una innegociable vocación de autoría, que hace lo que le apetece y no se desvía del camino que se ha trazado, sin plantearse los ingresos que puede obtener su obra. Eso es lo primero que me gusta, y mucho. Me gusta su forma de contar historias; las situaciones pueden ser previsibles algunas veces, pero lo hace de una manera tan magistral, que cualquier relato se convierte en una ‘obra de arte’. Me gustan, sobremanera, sus diálogos: inteligentes, sutiles, certeros, naturales, perturbadores; y los silencios entre los diálogos me parecen tan necesarios como verosímiles. Son esas pausas en las que el hablante no ofrece carácter alguno de falsedad, y me transmite esa paz que necesito para pensar en la respuesta adecuada, sin atropelladas urgencias. Al salir del cine, escuché varias veces aquello de “es una gran tragedia griega”. Vale, lo entiendo, pero esta es una ‘tragedia’ no griega, y narrada de una forma muy personal, como algo curioso, distinto y emocionante. Bárbara Lennie, me gustó interpretando a Petra, una mujer fuerte y decidida que sufre una gran tragedia interna a pesar de su imperturbabilidad. Marisa Paredes me gustó mucho y el resto de actores también; la interpretación de Jaume me pareció magistral, a pesar de la protervia de su personaje. Si Jaume era un narcisista, Petra no lo era menos, pues observé que en la mayoría de sus obras aparecía ella, como personaje principal. Esto me resulta interesante, porque cuando alguien le pregunta: ¿Qué buscas en el arte? Petra responde: — ¡busco la verdad! Y al final de la película dudé entre si esa ‘verdad’ se refería a la búsqueda de la identidad de su padre o era la búsqueda de esa ‘verdad’ tan etérea de la que hablan los artistas. Aquí también hay, a mi juicio, un mensaje del director sobre el arte. ¿de qué hablamos hoy cuando hablamos de arte? Mediante el arte, el hombre (y la mujer), puede expresar cuál es su mundo, porque el arte es el espejo de la realidad donde él se busca. Y... ¿cuál era la realidad de Petra? El mundo de Jaume era grande, enorme, como sus esculturas, y así se veía él. También me gustó la fotografía, aunque simple, sin imágenes maravillosamente impactantes. La fotografía también puede ser un arte cuando refleja más allá de las imágenes y descubre lo verdadero; porque un artista es un creador de verdades, un genio. Kant afirma que el arte es innato y producto de los genios y que el genio es un don de la naturaleza. El arte del genio sigue reglas propias y produce una obra que no tiene ninguna fórmula y esto es precisamente lo que lo distingue de la técnica y del que simplemente copia lo que ve y no como su interioridad lo proyecta. Es la paradoja del genio, ser original y también un ejemplo. Y así veo yo —dentro de mi ignorancia— a Jaime Rosales, como un genio con un talento especial para la narración de cualquier historia que, en manos de otros, podría ser vulgar. Jorge Luis Borges decía que “en la Edad Media había pocos libros, pero todos eran esenciales”; justo lo contrario de lo que encontramos ahora. Necesitamos, de vez en cuando, la aparición de algún genio, sin menospreciar a los que no siéndolo, se esfuerzan día a día en su trabajo. Un abrazo a todos, Juanra

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