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CF Goicoechea
10 de feb. de 2018

The square

2 comentarios

La película usando una especie de metáfora de una sociedad ideal donde todo el que penetra en el cuadrado se siente ayudado por los demás y puede eliminar sus limitaciones y carencias, poseyendo una serie de derechos y obligaciones; nos muestra una sociedad, la sueca, donde siendo un ejemplo y aspiración para los países del Sur, dados sus logros sociales, también conviven una serie de estratos sociales, los cultos y pudientes en la parte superior, la clase trabajadora separada de la anterior y los desfavorecidos de la fortuna que tienen que mendigar y pernoctar en las calles. A través de una serie de situaciones, algunas muy inusuales, se nos muestra la falta de comprensión y entendimiento entre todas las clases que de ponerse de acuerdo debería conducir a una sociedad mejor. A pesar del largo metraje se sigue con interés con escenas muy cuidadas y una buena actuación de los diferentes actores. Afortunadamente el director no ha tocado los últimos avatares del país, desde el asesinato de Olof Palmer, la llegada de la crisis mundial, la formación de los primeros guetos de migrantes de Africa y Oriente Medio, y la aparición de las primeras mafias de la droga, que daría para otra película del país.

Saludos. Pedro Madrid.

CF Goicoechea
11 de feb. de 2018

Pensando a posteriori en la película lo que parece que quiere mostrarnos el director son los miedos que aparecen en una sociedad avanzada como la sueca. Miedo a denunciar un robo ante la policía por su implicación en la reputación personal y tener que recurrir a una solución compartida casi anónima y cuasi clandestina. Miedo ante otros miembros de la sociedad más desfavorecidos que pueden hacer peligrar los logros materiales, como un coche último modelo. Miedo a establecer una relación personal duradera y recurrir al contacto meramente sexual pensando que se pueden aprovechar de uno. Miedo a implicarse en la ayuda a otras personas en pequeñas situaciones como ceder el teléfono personal en un momento concreto. Miedo a parar individualmente una performace que atenta contra el estatus de los asistentes y que se desmadra en un momento concreto, siguiendo las recomendaciones de seguir camuflado dentro de la manada para evitar males mayores. Miedo a que tus hijas no comprendan tus actitudes y actuaciones en sociedad. Miedo en el actor principal de no ser capaz de remediar el embrollo en el que se ha metido con su actitud inicial implicando a otras personas, como en las secuencias con el perseverante y rotundo niño.

Saludos. Pedro Madrid

Maria Lanz
12 de feb. de 2018

Hola, Pedro:

Me ha gustado mucho lo que escribes sobre 'el miedo'. En lugar de extenderme aquí, y para compartirlo, he hecho como tú, 'pensar a posteriori' y escribir una nueva entrada.

Gracias por compartirlo.

 

Juanra

Entradas más recientes
  • Maria Lanz
    12 de feb. de 2018

    Hola, otra vez: He leído con interés -como siempre- el comentario de Pedro Madrid, que me ha gustado mucho, sobre todo por lo que me aporta su ‘pensamiento a posteriori’- que no tiene desperdicio- y que trae ‘el miedo’ al interesante debate. Pensé contestar a tan jugoso comentario, pero prefiero compartir con todos lo que tengo que decir. Miedo, miedo y miedo. El miedo, pienso, es la materia puente que primero ata a cada cual y después, según los optimistas, une a los seres humanos. No es la salud, por tanto, la que nos hará más solidarios, sino la enfermedad o el miedo compartidos. La catástrofe a la vuelta de la esquina hace ahora de todos nosotros vecinos, hermanos en la misma área de terror. Vecinos y enfermos de miedo. La cultura norteamericana extendida por todo el mundo ha difundido un rico catálogo de acosos, desde los marcianos a los darwinistas, desde el Ébola a Sadam Hussein, “el Eje del Mal”, “el imperio del diablo”, la sacarina o el deshielo de los polos. No hay mejor modo de ganar espectadores que la alarma, y las audiencias han crecido y se han reproducido al compás de los géneros de terror, desde la guerra de los mundos hasta la guerra atómica o la ecológica. ¿Cómo puede extrañar, pues, que partiendo de los EE. UU. haya prendido el actual temor del desplome general de la banca, de las bolsas, la ruina de todas las familias y los pensionistas, la pérdida de los ahorros para siempre y el paro universal como nueva forma de inanición? ”El miedo que tienes -dice don Quijote- te hace, Sancho, que ni veas ni oigas a derechas; porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos (...) y si es que tanto temes, retírate a una parte y déjame solo.” Antiguamente, se apoyaba la valentía como eje de conducción social; una sociedad sin valientes era impensable. Pero ahora es muy distinto, y en nuestros días no es vergonzoso sentir miedo ni tampoco manifestarlo. La idea de que el temor correspondía a los cobardes, a los débiles o las mujeres, se ha sustituido por una idea del terror o el terrorismo que se opone a la democracia, al humanismo y a la civilización. Ser un individuo civilizado comporta vivir tembloroso sobre un consciente estado de alarma. Las tecnologías de defensa y vigilancia, las policías privadas, las urbanizaciones fortificadas, las videocámaras repartidas por la ciudad, incluso la medicina preventiva, son la expresión de un miedo en el sentido común. No será, por tanto, un miedo generado por la ‘turbación de los sentidos’ -que decía don Quijote-, sino producto mismo de la sociedad de la información. ¡Oh, cielos! La palabra ‘miedo’ da para mucho, y además... ¡da miedo! Un abrazo, Juanra
  • nicolas.mediavilla
    10 de feb. de 2018

    Ese parece ser el devenir político en Europa, la vieja Europa, esa que poco a poco ha ido perdiendo las raíces de su ser, la visión humanista del mundo, la confianza como base de nuestra cultura y forma de convivencia, llevándonos hacia un individualismo inhumano. Una de las cosas que más me gustaban del inspector de policía Kurt Wallander, personaje literario creado por el sueco Henning Mankel cuyas novelas van desde 1991 hasta el 2013, eran las reflexiones sociológicas que el inspector realizaba sobre la sociedad sueca, fijándose en los nuevos cambios que a través de los años se iban produciendo y perturbando una paz social que creían perfecta e inmutable. Los suecos observaban como la nueva visión de un mundo global les traía problemas no conocidos hasta entonces, como incremento de la inmigración, criminalidad, mendicidad, a los que no estaban acostumbrados. Aquellas reflexiones llevaban a Kurt Wallander a desertar de una sociedad posmoderna que lo avasallaba y de la que no entendía por qué renunciaba tan rápida y fácilmente a sus valores. Ver " The Square" me ha traído a la memoria esas lecturas, y observo que Mankel no iba nada desencaminado. La película satírica hasta la médula trata de eso, de la pérdida de valores sociales, cívicos y morales. De la pérdida del compromiso y la confianza, de la falsa corrección política por el miedo al qué dirán o no ser señalado como homófobo, racista o similar. Trata de la manipulación de los políticos y los medios que mediante sensacionalismo y exageración nos meten miedo a los extranjeros, a los pobres, a los diferentes en definitiva y nos conducen a la paranoia colectiva, porque si nos detenemos y profundizamos nos damos cuenta de que esos miedos no son reales, pues casi siempre detrás hay una buena persona. Pero claro está que no todo el mundo se para a reflexionar y ahí es donde nos dividen y perdemos como sociedad. La película me ha cautivado en su totalidad, y me adhiero completamente a lo dicho por Lucía en su comentario, pero yo quiero destacar la forma con la que el director juega a incomodar al espectador mediante el juego de sucesos que ocurren fuera de plano, me pareció magistral.
  • Maria Lanz
    12 de feb. de 2018

    Me resistía a hacer comentarios sobre esta película, ‘The Square’, porque todos los que escuché eran laudatorios, y el Sr. Östlund me generó tanta inquietud que mi pluma me pedía que lo despellejara ‘atacando su arte’ sin piedad, como él hace con todo lo que plantea en su película; y es que, además, disecciona las miserias humanas de tan afilada manera que me incomodó, y eso, me dije, no se lo permito a un sueco cretino y petulante que solo nos muestra lo que ya sabemos de memoria, porque todo eso lo vengo yo observando en ‘mi’ Sociedad desde que era un niño de corta edad. Así estaba yo después de ver ‘el cuadradito’ ese que Ruben – nombre de pila del director- se había inventado para hacer estallar el indefenso cuerpecito de una pobrecita niña inocente. Y, además, para mayor escarnio coge a Cristian -un hombre amable y progresista- y me quiere hacer creer que es un tipo egoísta, hipócrita, que maltrata a las mujeres y a sus subordinados, que no se fía un pelo de aquellos que no sean ricos o de raza blanca, y desprecia a quienes no le sean de utilidad. Tras el coloquio y esos períodos de reflexión que me acompañan, vuelvo a ser yo y a reconocer, humildemente, que es una película brillante, con un guion excelente, diálogos inteligentes y una interpretación magistral de Cristian. Creo que de alguna forma me sentí más identificado de lo que yo quisiera, y eso me molestó sobremanera. Me reí mucho en ocasiones, como cuando el afectado por el síndrome de Tourette le pide a la moderadora que le enseñe las tetas -aquí me planteo si la tolerancia debe funcionar siempre- El director hace ‘arte’ que se burla del ‘arte’, y, por ende, se burla del espectador. Cristian, es un hombre de fachada impoluta, pero que tiene a flor de piel tendencias crueles y cobardes, aunque no lo quiera admitir. La solidaridad, la empatía, son excelentes cualidades que muchas veces predicamos, pero pocas veces practicamos. La ‘performance’ del hombre mono es muy cómica al principio, pero tiene un final terrible, a mi juicio. Y aquí dejo una pregunta que se me antoja interesante: ¿por qué ninguna mujer sale a defender a otra mujer que está sufriendo una agresión brutal? Veo la película como una tragedia, y una farsa a la vez, que lo mismo provocan el desasosiego que la carcajada, dependiendo del lugar que el que cada uno quiera situarse ante las situaciones y sus personajes. Es muy importante no dejar de prestar atención a tantas cosas por las que pasamos de puntillas para no desvelar nuestra conciencia, que tiene un sueño muy profundo. el aumento de la injusticia y la desigualdad, y las tremendas exigencias del mundo en que vivimos, causan estrés y depresiones a mucha gente. Tal vez estemos asistiendo al derrumbe de un tiempo entero, al ocaso de una cultura y de un sistema que ha alcanzado el cenit de su depravación. Hasta pronto, Juanra

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